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No al Borrón y Cuenta Nueva

CODIGO 32

El origen de la expresión ¡Borrón y Cuenta Nueva! proviene de las antiguas contadurías, en la época medieval,  cuando se escribía con pluma y tinta. En ese entonces no existía modo alguno de corregir una cuenta, pues la tinta era indeleble y no podía borrarse, así que era necesario hacer un “borrón”, una mancha, para indicar que esa cuenta ya no era válida, no servía y había que tirarla a la basura y  hecharla al olvido.

Está claro que un borrón es una mancha que desluce o afea y se ve mal ante la vista de los demás. Así ocurre cuando se trata de un delito social cometido contra un pueblo, cuya mancha debe ser borrada para siempre, al tiempo que   se debe buscar la forma de  que no se repita.

En el plano religioso los problemas  aplazados son problemas resueltos”. Para las Iglesias los errores humanos se pagan con penitencias, Esa es  otra interpretación del borrón y cuenta nueva más positiva y benévola, el perdón que libera del pecado del error cometido, que aunque desluzca, limpia y salva “, aunque sean actos indignos por sus efectos perniciosos en la reputación y fama.

El perdón es lo que plantea el expresidente Hipólito Mejía, Borrón y Cuenta nueva para los expresidentes, a los que considera intocables. Echar en el saco del olvido cualquier acto de corrupción en la administración pública del mandatario que se va. Para Hipólito Mejía lo mejor pudiera ser echarlo en el saco del olvido, como si nunca hubiera sucedido nada. Así lo hizo el fenecido presidente don Antonio Guzmán con Joaquin Balaguer en el 1978 y como lo hizo el propio Mejia con Leonel Fernandez en el 2000.
Pero eso no es lo que quiere el pueblo dominicano. Este pueblo clama justicia contra los corruptos del Partido de la Liberación Dominicana que se enriquecieron en el poder.

El Borrón y Cuenta Nueva  tiene un marcado carácter positivo y beneficioso en el plano personal y religioso, pero muy perjudicial cuando se trata de asuntos del Estado, cuando se desfalca el erario, cuyo interés es colectivo.

El  borrón y cuenta nueva,  en un plano general o colectivo, hace que se olviden los errores cometidos por los administrados del bien público y constituye un perdón inaceptable. Por eso, cuando no hay un castigo se corre el riesgo de que se vuelvan a repetir los mismos actos de corrupción.

Parecería una torpeza imperdonable no mirar hacia atrás para saber hacia dónde se encamina el destino de la República Dominicana si no se castigan los actos de corrupción en la administración pública.

Perdonar a los corruptos significa perder el norte del país, la objetividad, el sentido común, es desconocer los indicadores de la Historia que nos ha tocado vivir en la patria de Duarte, nuestra amada Quisqueya.

Por eso hay que decirle No al Borrón y Cuenta Nueva.


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