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La impugnidad sobre asesinato de Riccy Mabel Martin Sevilla aún remuerde a hondureños

CODIGO 32
HONDURAS,- La impunidad de los militares perpetuada en Honduras sobre misterioso y cruel asesinado de Riccy Mabel Martínez Sevilla (1973-1991), originaria de La Ceiba, aún remuerde en la consciencia de los hondureños. 
         
Riccy Mabel Martin Sevilla fue asesinada en un batallón militar, un sábado 13 de julio de 1991. Era una joven encantadora, con una belleza física que robaba suspiros, pero sobre todo con una inigualable personalidad que la hacía ser querida por todos aquellos que la rodeaban.
Riccy Mabel Martínez Sevilla (1973-1991), originaria de La Ceiba, Atlántida, región caribeña de Honduras, fue una agraciada señorita, estudiante de tercer año de magisterio en la Escuela Normal Mixta Pedro Nufio, en Tegucigalpa, M.D.C.
Su novio, Rubén Hurtado Padilla había sido un mes antes reclutado para cumplir el servicio militar obligatorio, por lo que Riccy Mabel decidió visitar sola el Primer Batallón de Comunicaciones ubicado en las Tapias a las afueras de Tegucigalpa, con la finalidad de solicitar la pronta liberación de su novio, el día sábado 13 de julio de 1991. Ese mismo día Riccy Mabel desapareció misteriosamente, fue secuestrada, violada y brutalmente asesinada por al menos cuatro hombres según exámenes forenses practicados en la braga de la víctima, llevados a cabo en los Estados Unidos por el FBI. En ese entonces el suceso fue un caso sin precedentes en la historia delictiva de Honduras, que puso a prueba el limitado y débil sistema judicial hondureño.
Su cuerpo desnudo, mutilado, semi-desfigurado y en estado de descomposición no avanzado fue encontrado el lunes 15 de Julio de 1991, aproximadamente a las 7:30 de la mañana, mediante varias llamadas anónimas hechas por los presuntos asesinos a la policía y al Director de la Escuela Normal Mixta Pedro Nufio. El cuerpo torturado de la adolescente fue colocado en una hondonada de aproximadamente cinco metros de profundidad y de difícil acceso, sobre una piedra, semi-sumergido boca abajo en el cauce de la quebrada “El Sapo” cerca de la zona 4 de la colonia Cerro Grande, frente al cerro El Berrinche en Comayagüela.
El cuerpo de la normalista presentaba muestras de extrema crueldad demencial, barbarie y sadismo muy raramente vistas en este tipo de casos, con signos de torturas, mutilaciones, fracturas en diferentes partes del cuerpo, especialmente en el cráneo y los huesos de las manos y dientes quebrados, sin lengua, sin el seno derecho, sin las principales vísceras que supuestamente fueron extraídas por las aves de rapiña (antropofagia), vulva destruida a causa de una violación masiva.
Un testigo clave del crimen fue Esteban García, un humilde vendedor de Helados, quien afirmó haber visto a la adolescente por última vez con vida. Eran casi las 6 y media de la tarde y el señor García había terminado de vender el inventario de paletas y se disponía a regresar al centro de Tegucigalpa, por lo cual necesitaba un flete para él y su carreta. En el trayecto de salida del Primer Batallón de Comunicaciones se encontró con la joven normalista, la cual fue recogida por un pick-up Hyundai Pony amarillo idéntico al de un militar, para posteriormente aparecer muerta dos días después.
En las principales ciudades del país, sobre todo en Tegucigalpa y en su ciudad natal, La Ceiba, hubo multitudinarias concentraciones públicas de jóvenes estudiantes para reclamar justicia bajo las consignas: "castigo a los culpables" y "no a la impunidad". El Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (CODEH), fue uno de los principales patrocinadores de estas multitudinarias concentraciones.
Los feminicidas de la adolescente, un coronel y un sargento del Ejército Hondureño, trataron de eludir la justicia amparándose en su condición de militares, posteriormente de un peregrinaje judicial, fueron sentenciados por el Juzgado de Letras Segundo de lo Criminal en julio del año 1993 por cargos de homicidio y violación. La justicia "fue generosa" al castigarlos con una pena demasiado corta para un crimen tan monstruoso y aberrante, según el criterio casi generalizado de la sociedad hondureña.
A los 10 años de su ingreso a prisión, el coronel fue puesto en libertad con el silencio casi total de la prensa nacional.
Con este trágico y emblemático caso se inicia el proceso de desmilitarización de Honduras que elimina la impunidad total que tenían los militares en el país.
Otra particularidad del caso es que por primera vez se utiliza la prueba de ADN en la justicia hondureña, considerando las limitaciones económicas del país y del sistema de investigación criminal de aquel entonces que se encontraba muy atrasado y absoleto.
FUENTE:https://www.google.com.do/search?q=riccy+mabel+martinez+sevilla&tbm=isch&source=iu&ictx=1&fir=27DvwK-KUOzKFM%252CxktRnqPcDXk4cM%252C_&vet=1&usg=AI4_-kQ2ZJYPRmpcWaL38Nr7828C1hyh2g&sa=X&ved=2ahUKEwiliaTyiM3qAhU_hHIEHaKbCAYQ9QEwAXoECAkQEw&biw=1138&bih=507#imgrc=27DvwK-KUOzKFM

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