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La falta de autoridad y de justicia incrementa los linchamientos populares en R.D

CODIGO 32
                    
Un linchamiento esla ejecución sin proceso y tumultuariamente de un sospechoso o un reo, habitualmente precedida de un arresto ciudadano.
La crisis de autoridad que se produce en República Dominicana y en otros paises latinos es la causa de los linchamientos populares de supuestos delincuentes u homicidas.
La  indignación de la población ante la falta de justicia es el detonante que expresa que los límites sociales se han roto y es necesario poner coto a la ineptitud de las autoridades.
La violencia común y  la que ejercen grupos, organizados o no, son expresión de la crisis de autoridad estatal para poner el orden público en los pueblos.
Los linchamientos, las ejecuciones de supuestos delincuentes por parte de policías, los enfrentamientos entre integrantes de bandas organizadas rivales y policías y bandas son la viva   expresión o referente  del grado de erosión de las instituciones castrense y judiciales de República Dominicana.
Las ejecuciones y los linchamientos se pueden analizar como expresión de violencia social localizada, en la que grupos de personas, miembros de una comunidad o grupos de la delincuencia organizada ejercen la violencia frente a situaciones o condiciones que ponen en riesgo los principios de convivencia pacífica. 
Reflexionar sobre la violencia implica necesariamente pensar el problema de la crisis de autoridad, debido a que ambos se encuentran unidos por un elemento común: la acción colectiva.
La falta de un poder común o la ausencia de autoridad son la causa de la violencia; la ausencia de derecho, legalidad o justicia, porque donde no hay poder común, la ley no existe, y donde no hay ley, no hay justicia. 
No podemos dejar de pensar en la violencia sin remitirnos a la autoridad, la ley y la justicia. 
Una crisis de autoridad puede ser superada con la modificación de prácticas de algunas de las personas en las cuales recae la función pública y que no cumplen con esta. 
El descontento casi siempre presente parece proceder de algo más que el hecho inmediato: no se puede explicar la indignación individual -y menos la colectiva- por un robo, un atropellamiento o algún abuso policíaco.

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