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Los Arlequines de la política dominicana

CODIGO 32


Por el Rey Arturo
Cada cuatro años, en el campo político dominicano aparecen personajes que, motivados  por  la tesis del expresidente Leonel Fernández de que la política partidaria es un medio que permite al ciudadano cambiar  de statu social y ascender en términos económico, buscan ponerse el delicado  traje que debe exhibir el verdadero   político  y sin darse cuenta se visten como  Arlequines .
Al exponer su tesis sobre el  ascenso social y económico en política, lo que se evidencia  entre  los peledeistas, Leonel  dijo la verdad y con su opinión encendió la alarma para que miles de hombres y mujeres participen en una feroz carrera, al estilo los mineros del antiguo Oeste mexicano que parecían topos buscando oro  en cualquier terreno.

Se puede apreciar que en cada época electoral miles de dominicanos  son invadidos por una  calentura que los enloquece y los lleva a  declararse  candidatos a cargos electivos y se creen con la capacidad de alcanzar curules, sin tomar en cuenta que la política es  una ciencia, no una comedia,  y  que se deben desarrollar proyectos creíbles que beneficien a la mayoría a mediano y largo plazo.

El ex mandatario dominicano reveló donde esta el tesoro y cual  medio utilizar para  encontrarlo, pero no dijo como hacerlo, ni dijo que en  política no se puede ‘’ Ser alegre y parlanchín / Ser amigo de las mujeres y de los  niños/ y tener por  nombre Arlequín…Porque entonces se tiene el cuerpo hecho de paja, / La cabeza de aserrín, /aunque  el corazón sea de azúcar, /su  nombre será Arlequín”.

(Arlequín es un personaje nacido de creencias populares relativas al infierno. Fue empleado en muchas piezas de Comedia dell’Arte, su función es la de un  cómico, siendo conocido por su sentido del humor. )
La mayoría de candidatos politicos no se preparan y creen que haciéndose los graciosos, hablando como loros y brindando abrazos pueden ser exitosos y, al igual que Arlequín hacen gala de muy poca inteligencia, siendo tontos, hambrientos de poder, crédulo y parsimonioso. 
El político sin preparación siempre está asechando oportunidades, no creándola, y para hallarla es capaz de inventar todo tipo de estratagemas, piruetas y acrobacias, estando el resto del tiempo durmiendo o buscando hacer el menor esfuerzo posible por prepararse para ser un líder verdadero y confiable..

El político que gana espacio con una falsa simpatía  es un  sujeto grotesco, con aires de bufón, al igual que Arlequín, quien es un personaje que tiende a hacer payasadas y  ridículeses, evitando siempre las formalidades, por lo que como el ave carroñera se apoderan y se benefician del trabajo que hacen los demás.

Esos Arlequines tienen que saber que en el ajedrez político hay que actuar con frialdad, sin emotividad ni pasión, hay que ser calculador y estar atento a cada movimiento, suyo y del contrario. 

Es por eso que el político debe   analizar antes de hablar, de actuar o de  tomar decisiones comprometedoras. 
Como felino en la selva, tiene que  calcular cada movimiento y caminar firme, cuidando que sus huellas sean positivas, porque en el campo de la batalla política,  el enemigo  camina al asecho, sigiloso y pone trampas mortíferas como el cazador a su presa, el cual siempre dispara a matar, por lo que manejar la emoción es lo mas recomendable.

 También es necesario saber que en la batalla del ajedrez político se corre mas riegos en en la misma selva,  donde tus propios empañeros parecen fieles y dóciles  como soldados patrióticos, pero cuando tienen la posibilidad de convertirse en damas son peligrosos y tan fieros como los alfiles que se mueven en múltiples direcciones.

Es por eso que en política hay que saber sumar y multiplicar, sin dividir ni restar, actuar con criterio propio, conquistar con hechos reales, no ficticios, nuclear al pueblo como abejas sobre el panal, en base al interés colectivo y particular, sin descalificar ni  y patear al compañero, porque en política quien hoy es tu enemigo mañana puede ser tu aliado.
Es recomendable no  crecer destruyendo a tu contrincante, sino sembrando tu propia semilla para alcanzar un liderazgo sólido.

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